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Voy caminando por una hermosa ciudad, me siento en armonía con ella, feliz, fluyendo por las calles consciente de mi cuerpo y de mi alma. Amo a todos los seres con los que me cruzo, dialogo con ellos, aprendo de todo, y dejo que este magnifico sol amarillo del mediodía me encienda.
De golpe soy consciente de que tengo ganas de orinar, y esto me saca un momento de mi éxtasis. Estoy en paz con la ciudad, y quiero buscar un lugar tranquilo donde compartir mi orina con la verde vegetación.
Empiezo a pensar que esto no será tan fácil, los parques están muy concurridos. Me planteo muchas posibilidades, y comienzo a marcarme las posibles estrategias. Me voy decidiendo, entrare en un bar, pediré una fanta naranja, e iré un momento al baño.
La idea me parece la óptima, me olvido del resto de posibilidades, y me acerco a un bar tranquilo. De golpe recuerdo que salí sin dinero, y me empiezo a sentir muy culpable conmigo mismo. ¿Que hago? ¡No puedo entrar en un bar sin dinero!, yo soy un cliente y debo pagar mi consumición, es la norma. El azul del cielo me susurra al odio que esta no es mi ciudad.
Empiezo a enfadarme, y siento el deseo de entrar en el bar, ir directo al servicio, mear y salir corriendo. Miro a mi alrededor y veo varios policías. Mis manos se cierran en puños, mis músculos se tensan, me preparo para la batalla. Entro en el bar, y de sopetón un camarero me mira y me señala un letrero "baños solo para clientes". Siento el deseo de golpearlo, pero mis pies me sacan del bar. Tengo la cara roja de ira.
Tengo miedo a que me estalle la próstata, soy el orín que quiere salir. Quiero esconderme, ponerme una capa invisible y mear fuera del alcance de todos. Por un momento siento que podría parar el tiempo, o dejar a todas las personas petrificadas. Tal vez aquel espíritu ancestral púrpura siga protegiéndome.
Nada ocurre, y de golpe mi instinto me lleva a una pared cercana, abro automáticamente mi bragueta, y empiezo a mear. Ignoro a las muchas personas que están pasando por detrás de mi. Un perro beige se acerca, huele mi orina y después levanta su pata para unirse a mi meada.
[...] otra hermosa ciudad. Me siento en armonía con todo, feliz, fluyendo por las calles consciente de mis sensaciones corporales, de mis emociones cambiantes, de mi mente en calma, de mi alma unida a toda la realidad. Tras la suave lluvia recién [...]
pere — 13-03-2006 11:26:18
Nacho — 13-03-2006 12:42:27